
Cuando un niño tiene delante a un escritor, no necesita hacer una pregunta brillante. Necesita tener algo que de verdad quiera saber. Esa es la diferencia entre un turno de preguntas que parece un trámite y una conversación en la que los niños escuchan también las respuestas de los demás.
Por eso no prepararía veinte preguntas para repartirlas una por una. Prepararía un buen banco de ideas y ayudaría a cada niño a elegir la que más tenga que ver con lo que ha leído, con un personaje que le intriga o con algo del oficio de escribir que quiera entender mejor.
En esta guía tienes 25 preguntas que suelen dar juego, pero también algo más importante: cómo elegirlas, cómo mejorarlas y cómo preparar el turno para que no se convierta en una sucesión de «¿cuántos libros has escrito?».
Si solo necesitas algunas, empezaría por estas ocho
Si el encuentro es mañana y no quieres complicarlo, estas ocho preguntas cubren bastante bien el libro, los personajes y el trabajo de escribir:
- ¿Cómo se te ocurrió esta historia?
- ¿Qué fue lo primero que apareció: el personaje, el lugar o la idea?
- ¿Cuál fue la escena más difícil de escribir?
- ¿Hubo algún personaje que acabó siendo distinto de como lo imaginaste al principio?
- ¿Siempre supiste cómo iba a terminar?
- ¿Has quitado alguna escena que te gustaba?
- ¿Qué haces cuando no sabes cómo seguir una historia?
- Si pudieras cambiar ahora una cosa del libro, ¿cambiarías algo?
No hace falta usarlas todas. De hecho, prefiero seis preguntas que abren conversación a veinte que se contestan con una palabra.
Cómo sacar preguntas del propio libro
La forma más sencilla de evitar preguntas genéricas es no empezar por «¿qué le podemos preguntar al escritor?». Empezaría por el libro.
Puedes pedir a los niños que señalen una de estas cuatro cosas:
- una escena que les sorprendió;
- un personaje que no terminan de entender;
- una decisión de la historia que les habría gustado tomar de otra manera;
- algo que les hizo preguntarse «¿por qué el autor hizo esto?».
De ahí salen preguntas mucho mejores. Si un personaje abandona a sus amigos en mitad de la historia, por ejemplo, la pregunta no tiene por qué ser «¿cuál es tu personaje favorito?». Puede ser «¿tenías claro desde el principio que ese personaje iba a marcharse?» o «¿te planteaste que tomara otra decisión?».
Ese pequeño cambio hace que la pregunta nazca de la lectura y no de una lista aprendida de memoria.
25 preguntas para hacer a un escritor
Sobre cómo nació la historia
- ¿Cómo se te ocurrió esta historia?
- ¿Qué fue lo primero que apareció: el personaje, el lugar o la idea?
- ¿Hay algo real detrás del libro?
- ¿Te inspiraste en alguna persona, lugar o situación que conocieras?
- ¿Siempre supiste cómo iba a terminar?
Sobre los personajes
- ¿Cuál fue el personaje más difícil de crear?
- ¿Hay algún personaje que cambiara mucho mientras escribías?
- ¿Te pareces a alguno de ellos en algo?
- ¿Hay algún personaje que al principio iba a tener menos importancia y acabó creciendo?
- Si pudieras hablar ahora con uno de ellos, ¿a cuál elegirías y qué le preguntarías?
Sobre el trabajo de escribir
- ¿Cuánto tardaste en escribir este libro?
- ¿Qué parte te costó más?
- ¿Has borrado escenas que te gustaban?
- ¿Qué haces cuando una historia se atasca y no sabes cómo seguir?
- ¿Qué cambias más al revisar: palabras, escenas o partes enteras de la historia?
Sobre las decisiones del libro
- ¿Por qué decidiste que pasara eso en esa escena?
- ¿Hubo otro final posible?
- ¿Cambiaste alguna decisión importante después de empezar a escribir?
- ¿Qué escena te gusta más ahora que el libro está terminado?
- Si pudieras cambiar una sola cosa del libro, ¿cambiarías algo?
Sobre ser escritor
- ¿Cuándo empezaste a pensar que querías escribir?
- ¿Qué leías tú cuando tenías nuestra edad?
- ¿Siempre te gustó leer o hubo épocas en las que leías menos?
- ¿Qué has aprendido escribiendo que no sabías cuando empezaste?
- ¿Qué disfrutas más: inventar una historia nueva o terminar una que llevas mucho tiempo escribiendo?
Preguntas que se quedan cortas y cómo mejorarlas
No hay preguntas prohibidas. Un niño puede querer saber de verdad cuántos libros ha escrito un autor o cuál es su comida favorita, y no pasa nada. El problema aparece cuando todo el turno se queda ahí.
Una forma sencilla de mejorarlas es convertir una pregunta que admite una respuesta muy corta en otra que invite a explicar algo:
- En vez de: «¿Te gusta escribir?»
Prueba: «¿Qué parte de escribir disfrutas más y cuál te cuesta más?» - En vez de: «¿Cuál es tu personaje favorito?»
Prueba: «¿Qué personaje cambió más mientras escribías?» - En vez de: «¿Cuánto tardas en escribir?»
Prueba: «¿En qué parte del proceso tardas más: imaginar, escribir o revisar?» - En vez de: «¿De dónde sacas las ideas?»
Prueba: «¿Recuerdas qué detalle concreto hizo que empezaras este libro?» - En vez de: «¿Te ha pasado algo de lo que sale en el libro?»
Prueba: «¿Qué parte de la historia tiene más de tu propia experiencia?»
La segunda versión no es «más correcta». Simplemente da al escritor más espacio para contar algo que probablemente no aparecería con una respuesta de sí o no.
Cómo adaptar las preguntas según la edad
Con niños pequeños no buscaría preguntas complejas. Buscaría preguntas que puedan imaginar con facilidad: «¿cómo se te ocurrió este personaje?», «¿cuál fue el más divertido de dibujar o escribir?» o «¿qué habría pasado si el protagonista hubiera elegido otra cosa?».
Con lectores algo mayores ya se puede entrar en decisiones del libro: por qué un personaje actúa así, si hubo un final diferente, qué cambió durante la escritura o qué parte hubo que reescribir. Aquí suelen aparecer conversaciones más interesantes porque el niño deja de mirar solo qué pasa y empieza a fijarse en cómo se construyó la historia.
Y en un grupo con niveles lectores muy distintos, mezclaría preguntas. Una visita no debería convertirse en una competición para ver quién hace la pregunta más sofisticada. El niño que pregunta «¿cómo inventaste el nombre de este personaje?» puede abrir una conversación tan buena como quien pregunta por el final.
Cómo prepararía el turno de preguntas en 15 minutos
1. Recuperaría una escena. Elegiría dos o tres momentos del libro y preguntaría qué les sorprendió, qué no entendieron o qué habrían hecho ellos.
2. Cada niño escribiría dos preguntas. No una. Con dos opciones es mucho más fácil descartar la que ha salido por salir y quedarse con la que realmente le interesa.
3. Agruparía las repetidas. Si siete niños quieren saber cómo surgió la idea, no hace falta hacer siete veces la misma pregunta. Se elige una y las demás manos quedan libres para otros temas.
4. Dejaría algunas sin preparar. No cerraría todo de antemano. Una respuesta del escritor puede provocar una pregunta mejor que cualquiera de las que llevábamos escritas.
Con esto suele bastar. No hace falta dedicar una sesión entera a ensayar un interrogatorio.
Qué haría durante el encuentro
Intentaría que el turno tuviera conversación, no solo una cadena de preguntas. Si una respuesta despierta una duda relacionada, dejaría que aparezca una repregunta. A veces ahí está lo más interesante.
También alternaría temas. Cinco preguntas seguidas sobre cuánto tarda en escribir cansan incluso si son buenas. Una sobre un personaje, otra sobre una escena y otra sobre el oficio mantienen mejor el interés del grupo.
Y no obligaría a preguntar a quien no quiere hacerlo. Escuchar también es participar. Es mejor una pregunta real de un niño que tiene curiosidad que una pregunta leída sin interés porque «todos tienen que hacer una».
Una actividad sencilla después de la visita
Para que el encuentro no termine al salir el escritor por la puerta, pediría a cada niño que eligiera una respuesta que no esperaba. Después puede escribir dos o tres líneas: qué contestó el autor y por qué le llamó la atención.
Otra opción es volver al libro. Si el escritor ha contado que cambió un final, eliminó un personaje o se inspiró en una situación real, se puede releer una escena con esa información. El encuentro deja así una pequeña huella en la lectura, que es bastante más interesante que limitarse a hacer una foto y seguir con otra actividad.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas preguntas conviene preparar?
Depende del tiempo y del tamaño del grupo, pero no intentaría que todos formulen una pregunta preparada. Para un turno breve, seis u ocho buenas preguntas pueden ser suficientes si después dejamos espacio para alguna repregunta o cuestión espontánea.
¿Qué pasa si varios niños tienen la misma pregunta?
La agruparía. Uno la formula y los demás pueden escuchar la respuesta o añadir algo si realmente aporta. Repetir la misma cuestión cinco veces suele cortar el ritmo.
¿Hay que haber terminado el libro para preparar preguntas?
No necesariamente. Si el grupo ha leído solo una parte, las preguntas pueden salir de lo que conoce hasta ese momento. Eso sí: conviene avisar al autor si no se ha terminado el libro para evitar respuestas que desvelen demasiado.
¿Es mejor dar las preguntas al escritor antes?
Para una visita normal, no lo veo necesario. Puede tener sentido si hay necesidades específicas de comunicación o si el centro quiere trabajar un formato muy concreto, pero una conversación gana mucho cuando conserva cierta espontaneidad.
Para preparar bien el encuentro
Las preguntas funcionan mejor cuando forman parte de una preparación sencilla del libro, no cuando aparecen cinco minutos antes de la visita. Si estás organizando el proceso completo, puedes seguir por cómo preparar a los niños para un encuentro con un escritor o revisar cómo organizar una visita de autor en un colegio.
Y si el centro quiere convertir la visita en algo más amplio, tienes también estas ideas para una semana literaria en primaria.
La idea con la que me quedaría
Una buena pregunta no es la más original ni la que parece más inteligente. Es la que nace de una curiosidad real y permite al escritor contar algo que ayude a mirar el libro de otra manera.
Por eso prepararía preguntas, sí, pero no respuestas prefabricadas. El objetivo no es que los niños parezcan entrevistadores. Es que salgan del encuentro con ganas de seguir hablando de historias, personajes y libros.